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- CETRO DE ESTUDIOS ESPÍRITAS SIN FRONTERAS -
Aquel que ejecuta, camina delante de  aquel que sabe. Emmanuel
Fe inquebrantable es la que puede mirar cara a cara a la razón en todas las épocas de la vida.
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ANICETO

Centro de Estudios Espiritas Sin Fronteras
Publicado por en LOS MENSAJEROS ESPIRITUALES ·
Comunicando mis nuevos propósitos a Tobías, verifiqué la satisfacción que revelaba su mirada.
 –Quédese tranquilo –me dijo, bondadosamente–, usted posee la cantidad necesaria de horas de trabajo para justificar el pedido. Además, tenemos gran número de colegas en Comunicaciones. No será difícil ubicarlo con instructores amigos.
 ¿Conoce a nuestro estimado Aniceto?
 –No tengo ese placer.
 –Es antiguo compañero de servicio –continuó informando, amable– y estuvo con nosotros en Regeneración, por algún tiempo. Luego, se consagró a sacrificadas tareas en el Ministerio de Auxilio, y hoy es competente instructor en Comunicaciones, donde viene prestando respetable concurso. Conversaré, al respecto, con el Ministro Genesio. No tenga dudas. Su deseo, André, es muy noble a nuestros ojos.
 El servicial compañero me dejó en un mar de alegría indefinible.
 Comencé a comprender el valor del trabajo. La amistad de Narcisa y Tobías era un tesoro de inapreciable grandeza, que mi corazón había descubierto gracias al espíritu de servicio.
 Un nuevo sector de lucha se desdoblaría ante mi alma. No debería perder la oportunidad. Nuestro Hogar estaba lleno de entidades ansiosas por adquisiciones de esa naturaleza. ¿No sería justo entregarme de buena voluntad al nuevo aprendizaje? Además, seguro de mi regreso a la vida carnal, en un futuro tal vez no distante, mi buena disposición constituiría una realización de profundo interés para mi aprovechamiento general.
 Misteriosa alegría me dominaba totalmente, sublimada esperanza iluminaba mis sentimientos. Aquel deseo ardiente de colaborar en beneficio de otros, que Narcisa había encendido en mi yo interior, parecía llenar, ahora, la copa vacía de mi corazón.
 Trabajaría, sí. Conocería la satisfacción de los cooperadores anónimos para felicidad ajena. Buscaría la prodigiosa luz de la fraternidad, a través del servicio a las criaturas humanas.
 Por la noche me vino a ver Tobías, siempre generoso, trayéndome el confortante consentimiento del Ministro Genesio.
 Con sonrisa afectuosa, me invitó a acompañarlo. Me conduciría a la presencia de Aniceto, para conversar sobre el asunto.
 Emocionadísimo lo seguí a la residencia del nuevo personaje que se vincularía profundamente a mi vida espiritual.
 Aniceto, al contrario de Tobías, no residía en Nuestro Hogar. Vivía con cinco amigos, que habían sido sus discípulos en la Tierra, en un edificio confortable, enclavado entre árboles frondosos y tranquilos, que parecían puestos allí para proteger una extensa y maravillosa rosaleda.
 Nos recibió con extremada gentileza, lo que me causó
 excelente impresión. Aparentaba la ponderada calma del hombre que llegó a la edad madura, sin las fantasías de la juventud inexperta. Aunque su rostro reflejase mucha energía, revelaba el sano optimismo del corazón lleno de ideales sacrosantos. Muy sereno, recibió todas las explicaciones de mi benefactor, dirigiéndome, de vez en cuando, miradas amistosas e indagadoras.
 Tobías habló extensamente, comentando mi posición de ex médico en el plano terrestre, y ahora en reajuste de valores en el plano espiritual.
 Después de examinarme con atención, el orientador adujo:
 –No hay ningún inconveniente, mi apreciado Tobías. No obstante, es preciso reconocer que la solución depende del candidato. Usted sabe que nos encontramos aquí en la Institución del Hombre Nuevo.
 –André está pronto y dispuesto –agregó el amigo cariñosamente.
 Aniceto fijó una mirada penetrante en mí, y advirtió:
 –Nuestro servicio es variado y riguroso. El departamento de trabajo, bajo nuestra responsabilidad, acepta solamente a cooperadores interesados en el descubrimiento de la felicidad de servir. Nos comprometemos, mutuamente, a callar toda especie de reclamo. Nadie exige que se le reconozcan méritos por sus obras útiles y todos responden por cualquier error cometido. Nos hallamos aquí, en un curso de extinción de las viejas vanidades personales, traídas del mundo carnal. Dentro del mecanismo jerárquico de nuestras obligaciones, tan sólo nos interesamos por el bien divino. Consideramos que toda posibilidad constructiva proviene de nuestro Padre y esta convicción nos ayuda a olvidar las inconvenientes exigencias de nuestra personalidad inferior.
Notando mi sorpresa, Aniceto esbozó un gesto significativo y continuó:
–En los trabajos de emergencia, destinados a la preparación de colaboradores activos, tengo un cuadro suplementario de auxiliares, que consta de cincuenta plazas para aprendices. En este momento, dispongo de tres vacantes. Hay intensa actividad de instrucción, necesaria a los servidores que cooperarán en la Tierra en socorros urgentes. Existen orientadores que se hacen acompañar, en los servicios en la superficie terrestre, por todo el personal en aprendizaje, pero yo adopto un proceso diferente. Acostumbro a dividir la clase en grupos especializados, para un mejor provecho en la preparación y en la práctica, de acuerdo con la profesión familiar a los estudiantes. De momento tengo, un sacerdote católico romano, un médico, seis ingenieros, cuatro profesores, cuatro enfermeras, dos pintores, once hermanas especializadas en trabajos domésticos y dieciocho operarios diversos. En Nuestro Hogar, la acción que nos compete se desarrolla de manera colectiva; pero, en los días de aplicación de la tarea en superficie terrestre, no me hago acompañar por todos. Naturalmente, no se negará al ingeniero, o al operario, la oportunidad de adquirir otros conocimientos que trascienden el panorama de las realizaciones que les son inherentes; pero tales manifestaciones deben constar en el marco de los esfuerzos espontáneos, en el tiempo que cada cual disfruta para el descanso o el entretenimiento. Considerando, pues, el servicio actual, tenemos interés en aprovechar las horas al límite máximo, no sólo en beneficio de los que necesitan nuestro concurso fraternal, sino también a favor de nosotros mismos, en lo que concierne a la eficiencia.
Ponderé, admirado, el curioso proceso, mientras el orientador hacía una larga pausa.
Después de poner en mí toda su atención, como si desease percibir el efecto de sus palabras, Aniceto continuó:
–Este método, no supone, apenas, crear obligaciones para los otros. Aquí, como en la Tierra, quien alcanza el mayor beneficio en las aulas y con las demostraciones, no es propiamente el discípulo y sí el instructor, que enriquece sus observaciones e intensifica experiencias. Cuando el Ministro Espiridión me llamó para ejercer el cargo, lo acepté bajo la condición de no perder el tiempo en el mejoramiento y educación de mí mismo. Por lo expuesto, no creo necesario extenderme en otras consideraciones. Creo haber dicho lo suficiente. Por lo tanto, si está dispuesto, no puedo negarme a aceptarlo.
–Comprendo sus nobles programas respondí conmovido, será una honra, para mí, la posibilidad de acompañarlo y de recibir sus determinaciones para el servicio.
La expresión fisonómica de Aniceto fue de quien alcanza la solución deseada, y concluyó:
–Pues bien; podrá comenzar mañana. Y dirigiéndose a Tobías, añadió:
–Encamine a nuestro amigo, mañana temprano, al Centro de Mensajeros. Allí estaremos en estudio activo y dispondré que a André se le brinde el reglamento de Comunicaciones.
Agradecimos, satisfechos, y siguiendo a Tobías, me despedí, alimentando nuevas esperanzas.



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ANICETO
Un nuevo sector de lucha se desdoblaría ante mi alma. No debería perder la oportunidad. Nuestro Hogar estaba lleno de entidades ansiosas por adquisiciones de esa naturaleza. ¿No sería justo entregarme de buena voluntad al nuevo aprendizaje? Además, seguro de mi regreso a la vida carnal, en un futuro tal vez no distante, mi buena disposición constituiría una realización de profundo interés para mi aprovechamiento general.
Publicado por CHICO XAVIER - 15/10/2018
EN LA PRESENCIA DEL CRISTO
“El Cristo fue el iniciador de la moral más pura y más sublime: la moral evangélica- cristiana que debe renovar el mundo, aproximar a los hombres y hacerlos hermanos; que debe hacer brotar de todos los corazones humanos la caridad y el amor al prójimo, y crear entre todos los hombres una solidaridad común; en fin, de una moral que debe transformar la Tierra y hacer de ella una morada para los Espíritus superiores a los que hoy la habitan. (Cap. I, ítem: 9)
Publicado por CHICO XAVIER - 15/10/2018
LA ESCUELA DE LAS ALMAS
— Hay también un banquete festivo, en la vida celestial, donde nuestros sentimientos deben servir a la gloria del Padre. El hogar, la mayoría de las veces, es el crisol santo o el horno que prepara. Lo qué nos parece aflicción o sufrimiento dentro de él, es recurso espiritual. El corazón despierto para la Voluntad del Señor retira las más luminosas bendiciones de sus luchas renovadoras, porque, solamente ahí, al encuentro de unos con los otros, examinando aspiraciones e inclinaciones que no son nuestras, observando defectos ajenos y aguantándolos, aprendemos a deshacer las propias imperfecciones.
Publicado por CHICO XAVIER - 15/10/2018
RENOVACIÓN
Al desligarme de los lazos inferiores que me prendían a las actividades terrestres, elevado entendimiento regocijó mi Espíritu.
Sin embargo, semejante liberación no se había realizado espontáneamente.
Publicado por CHICO XAVIER - 29/9/2018
¡Gracias, Señor!
Hace un siglo, convidaste a Allan Kardec, el apóstol de tus comienzos, a la revisión de las enseñanzas y de las promesas que dirigiste al pueblo, en el Sermón de la Montaña, y nos diste “El Evangelio según el Espiritismo”.
Publicado por CHICO XAVIER - 29/9/2018
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