EL IMPERATIVO DE LA ACCIÓN - Centro de Estudios Espiritas Sin Fronteras

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Aquel que ejecuta, camina delante de  aquel que sabe. Emmanuel
Fe inquebrantable es la que puede mirar cara a cara a la razón en todas las épocas de la vida.
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EN LA PRESENCIA DEL CRISTO

Centro de Estudios Espiritas Sin Fronteras
Publicado por en LIBRO DE LA ESPERANZA ·

 
 
“Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. Jesús (Mateo 5:18)
 
“El Cristo fue el iniciador de la moral más pura y más sublime: la moral evangélica- cristiana que debe renovar el mundo, aproximar a los hombres y hacerlos hermanos; que debe hacer brotar de todos los corazones humanos la caridad y el amor al prójimo, y crear entre todos los hombres una solidaridad común; en fin, de una moral que debe transformar la Tierra y hacer de ella una morada para los Espíritus superiores a los que hoy la habitan. (Cap. I, ítem: 9)
 
La ciencia de los hombres va liquidando todos los problemas, alusivos al bienestar de la Humanidad. Observó la esclavitud del hombre por el propio hombre y dignificó el trabajo, a través de leyes compasivas y justas.
 
Reconoció el martirio social de la mujer que las civilizaciones mantenían en multimilenario régimen de cautiverio y le confirió acceso a las universidades y profesiones.
 
Enumeró los desastres morales del analfabetismo y creó la gran imprenta.
 
Vio que la criatura humana caía prematuramente en la muerte, abatida en actividad excesiva por la propia sustentación y le dio la fuerza motriz.
 
Examinó el aislamiento de los ciegos y les administró instrucción adecuada.
 
Catalogó a los delincuentes como enfermos, transformó prisiones en penitenciarias escuelas.
 
Se conmovió, delante de las molestias contagiosas, y fabricó la vacuna.
 
Se emocionó, ante los heridos y enfermos desesperados, e inventó la anestesia.
 
Anotó los prejuicios de la soledad y construyó máquinas poderosas que interconectasen los continentes.
 
Analizó el desentendimiento sistemático que oprimía a las naciones y les ofreció el libro y el telégrafo, la radio y la televisión que las aproxima en la dirección de un mundo solo.
 
Entretanto, los vencidos de la angustia se aglomeran en la Tierra de hoy como lo hacían en la Tierra de ayer…
 
Se articulan todas las formas y surgen de todas las direcciones.
 
Perdieron el empleo, que les garantizaba la estabilidad familiar y se desorientaron abatidos, buscando el pan, fueron desalojados de techo, hipotecada la solución de urgentes necesidades y deambulan sin rumbo.
 
Se encuentran despojados de esperanza por la deserción de los afectos más queridos y se acercan al suicidio.
 
Cayeron en peligrosos conflictos de la conciencia y aguardan una leve sonrisa que los reconforte.
 
Envejecieron sacrificados por las exigencias de hijos queridos, que les renegaron la convivencia en los días de sufrimiento y amargan doloroso abandono.
 
Enfermaron gravemente y se vieron trasladados del equipo domestico para los azares de la mendicidad.
 
Se extraviaron en el pasado y renacieron, cargando en el propio cuerpo las señales aflictivas de las culpas que rescatan, pidiendo cooperación.
 
Se despidieron de los que más amaban en el frio portal del túmulo y cargaron los últimos sueños de la existencia cadaverizados ahora en el ataúd del propio pecho.
 
Abrazaron tareas de bondad y ternura y son mujeres ajusticiadas de fatiga y de llanto, conduciendo a los hijitos que alimentan a costa de las propias lágrimas.
 
Gimen, discretos, y surgen en la forma de niños, despreciados, a la manera de flores que el viento rompió, despiadado, en el instante del amanecer. Para ellos, los que cayeron en el sufrimiento moral, las ciencias de los hombres no disponen de recursos. Es por eso que Jesús, al reunirlos en multitud, en la cima del monte, desplegó la bandera de la caridad y, proclamando las bienaventuranzas eternas, nos lo entregó como hijos del corazón…
 
Compañero de la Tierra, cuando extiendas una palabra consoladora o un abrazo fraterno, una gota de bálsamo o un cucharon de sopa, aliviando a los que lloran, estás delante de ellos, en la presencia del Cristo, con quien aprendemos que el único remedio capaz de curar las angustias de la vida nace del amor, que derrama, sublime, de la ciencia de Dios.



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