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TRABAJOS DE ADY

ESPIRITISMO, CRISTIANISMO, CATOLICISMO
 
ESPIRITISMO, CRISTIANISMO, CATOLICISMO

Una revelación importante tiene lugar en nuestra época: la que nos revela la posibilidad de comunicarnos con los seres del mundo espiritual. (…)
   El hecho de poder establecer comunicación con los seres del mundo espiritual trae consigo consecuencias de la mayor gravedad: es un mundo nuevo que se nos revela, un acontecimiento de la mayor importancia, puesto que ese mundo nos espera a todos, sin excepción. Ese conocimiento, al generalizarse, ocasionará profundas modificaciones en los hábitos, el carácter, las costumbres y las creencias, todo lo cual tiene una influencia enorme sobre las relaciones sociales. Es una revolución total que habrá de operarse en las ideas, revolución tanto mayor y poderosa ya que no está circunscrita a un pueblo o a una casta determinada, sino que abarca simultáneamente el alma de todas las clases, nacionalidades y cultos.
   Es con razón, pues, que el Espiritismo es considerado como la tercera de las grandes revelaciones.
El Espiritismo llega, en el tiempo señalado, para cumplir la promesa de Cristo: el Espíritu de Verdad preside su establecimiento. Llama a los hombres a la observancia de la ley. Enseña todas las cosas, haciendo que se comprenda aquello que Cristo sólo expresó por medio de parábolas.
Dijo Jesús: “El que tiene oídos para oír, oiga”.
El Espiritismo acude para abrir los ojos y los oídos, porque habla sin metáforas ni alegorías. Levanta el velo arrojado intencionadamente sobre ciertos misterios. Viene, en suma, a traer una suprema consolación a los desheredados de la Tierra y a todos aquellos que padecen, dando una causa justa y una finalidad útil a todos los dolores.
Todas las nuevas enseñanzas que los Espíritus nos dan nos sirven para comprender mejor las enseñanzas de Jesús y comprender mejor la moral cristiana, ya que el Espiritismo es en su esencia cristiano pues la moral que enseña no es sino el desarrollo y la aplicación de la moral de Cristo, la más pura de todas y cuya superioridad nadie discute, lo que constituye una prueba contundente de que está en la ley de Dios y la moral es para todo el mundo.
La revelación espírita trae conocimientos científicos y filosóficos que vienen a resolver los grandes enigmas del hombre sobre su procedencia, sus porqués y su destino. Y a su Ciencia y su Filosofía los Espíritus acompañan enseñanzas morales, que en nada difieren de las que ejemplificó y enseñó Cristo. «El Espiritismo…ayudándoos a comprender mejor las enseñanzas de Cristo, hace de vosotros mejores cristianos. Haced, pues, que al vero se pueda decir que verdadero espiritista y verdadero cristiano son una sola cosa y una misma cosa: porque todos los que practican la caridad, son los discípulos de Jesús, cualquiera que sea el culto a que pertenezcan» (Comunicación mediúmnica del apóstol Pablo. París, 1860. Evangelio Según el Espiritismo).
En el Libro de los Espíritus podemos encontrar una de las preguntas que Kardec realizó a los Espíritus:
    Pregunta 625. ¿Cuál ha sido el arquetipo más perfecto que Dios haya otorgado al hombre para servirle de guía y modelo?
   – Ved a Jesús.
   Comentario de Allan Kardec: Es Jesús para el hombre el arquetipo de la perfección moral a que puede aspirar la humanidad en la Tierra. Dios nos lo ofrece como el modelo más perfecto, y la doctrina que ha enseñado es la más pura expresión de su ley, porque estaba animado del Espíritu divino y fue el Ser más puro que haya aparecido en la Tierra.
El Espiritismo, lejos de negar o destruir el Evangelio, llega para confirmarlo, explicarlo y desarrollarlo, ayudado por las nuevas leyes naturales que revela. Clarifica los puntos oscuros de la doctrina de Cristo, de manera que para quienes no entendían o resultaban inadmisibles ciertos pasajes del Evangelio ahora podrán comprenderlos y admitirlos gracias al Espiritismo. Sabrán mejor su alcance y diferenciarán lo real de lo alegórico. Cristo les parecerá más grande: ya no será para ellos un simple filósofo, sino el Mesías divino.
El Espiritismo posee, además un poder moralizador incalculable en razón de la finalidad que asigna a todas las acciones de la vida y de las consecuencias que nos demuestra respecto a la práctica del bien y del mal. Así mismo, nos brinda, en los momentos penosos, gracias a una inalterable confianza en el futuro, fuerza moral, valor y consuelo. El poder moralizador está, también, en la fe de saber que tenemos cerca de nosotros a los seres que hemos amado, la seguridad de reencontrarlos y la posibilidad de relacionarnos con ellos. En resumen: la certeza de que todo lo que hemos hecho o adquirido en inteligencia, conocimientos o moral, hasta el último día de nuestras vidas, no se perderá, nos ayudará a progresar.   
 Lo que la enseñanza de los espíritus agrega a la moral de Cristo es el conocimiento de los principios que unen a los vivos con los muertos y, asimismo, completa los rasgos vagos que Aquél había dado acerca del alma, de su pasado y su porvenir y prueba, además, que su doctrina se basa en las leyes de la Naturaleza. Con la ayuda del Espiritismo y los Espíritus, el hombre comprende la solidaridad que entrelaza a los seres. La caridad y la fraternidad se convierten en necesidades sociales. Se hace por convicción lo que antes se hacía sólo por deber y, así, todo resulta mejor.
Así como Cristo dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley (…) no he venido para abrogar, sino para cumplir”, de igual modo afirma el Espiritismo: “No vengo a destruir la ley cristiana, sino a cumplirla”. Porque él no enseña nada que sea contrario a lo que Cristo enseñó, sino que desarrolla, completa y explica en términos claros para todo el mundo aquello que sólo se había dicho bajo formas alegóricas. El Espiritismo viene a realizar, en los tiempos predichos, lo que Jesús había anunciado, y a preparar el cumplimiento de las cosas futuras. En consecuencia, es la obra de Cristo, que Él mismo preside, así como preside lo que también anunció: la regeneración que se está operando y que prepara el advenimiento del reino de Dios sobre la Tierra.
Pero hay una cuestión muy importante:
AL SER EL ESPIRITISMO CRISTIANO, ¿ES POR ELLO CATÓLICO?
¿CRISTIANISMO ES LO MISMO QUE CATOLICISMO?
El catolicismo es una doctrina religiosa cristiana que tiene como jefe espiritual al Papa de Roma; se caracteriza por seguir una disciplina, un ritual y un canon tradicional que se desarrolló   desde los primeros años del cristianismo; su unidad de organización fundamental es la diócesis. Los católicos son fieles a la Iglesia católica, apostólica y romana.
 
Por otra parte, La doctrina espirita no constituye una religión en el sentido comúnmente aceptado pues:
·         No dispone de sacerdotes
 
·         No establece rituales
 
·         No se apoya en una jerarquía u organización
 
·         No tiene esquemas para la admisión de fieles
 
·         No tiene autoridad sobre sus simpatizantes
Entendiendo también que incentiva el sentimiento religioso destacando la importancia de la fe, aclarando la importancia de la oración, estableciendo claramente la responsabilidad y las consecuencias morales de nuestros actos, incentivando el amor a Dios y al prójimo y mostrando la importancia de seguir los ejemplos de los héroes de la fe y de la virtud.
Conocemos todo lo que la doctrina de Cristo encierra de sublime; sabemos que ella es por excelencia la doctrina del amor, la religión de la piedad, de la misericordia, de la fraternidad entre los hombres. Mas, ¿es la doctrina de Jesús la que enseña la Iglesia Romana? ¿Nos fue transmitida la palabra del Nazareno pura y sin mezcla?, y la interpretación que nos da la Iglesia, ¿está exenta de cualquier elemento extraño o parásito?
El Espiritismo nos ofrece las pruebas naturales, tangibles, de la inmortalidad y por ese medio nos conduce a las puras doctrinas cristianas, a la misma esencia del Evangelio, que la obra del catolicismo y la lenta edificación de los dogmas mal cubrieron de tantos elementos incongruentes y extraños.
Gracias al estudio escrupuloso de cuerpo fluídico, o periespíritu, él torna más comprensibles, más aceptables, los fenómenos de apariciones y materializaciones, sobre las cuales el cristianismo reposa integralmente.
El pensamiento humano, hace mucho se dejó arrebatar por la duda. Cansado de dogmas oscuros, de teorías interesadas, de afirmaciones sin pruebas.
Una crítica inexorable cribó rigurosamente todos los sistemas. La fe se extinguió en su propia fuente; el ideal religioso desapareció.    Concomitantemente con los dogmas, perdieran su prestigio las elevadas doctrinas filosóficas la iglesia solo fue verdaderamente popular y democrática en sus orígenes, durante los tiempos apostólicos, períodos de persecución y de martirio; y es lo que entonces justificaba su capacidad de proselitismo, la rapidez de sus conquistas, su poder de persuasión y de irradiación.
En el día en que fue oficialmente reconocida por el Imperio, a partir de la conversión de Constantino, se tornó la amiga de los Cesares, la aliada y, algunas veces, la cómplice de los grandes y de los poderosos. Entró en la era infecunda de las argucias teológicas, de las querellas bizantinas y, de ese momento en adelante tomó siempre o casi siempre el partido del más fuerte.
Todas las emancipaciones intelectuales y sociales se efectuarán contra su voluntad. Era lógico, fatal, que se volviesen contra ella: es lo que en la hora actual se verifica.
Hace mucho tiempo el espíritu de Jesús parece haber abandonado a la Iglesia, cedió su lugar a los políticos combativos y negociantes.
La casa del Señor se transformó en una casa bancaria y en tribuna. La Iglesia tiene un reino que es de este mundo y nada más que de este mundo. Ya no es el sueño divino el que la alimenta, nada más que ambiciones terrestres y una arrogante pretensión de todo dominar y dirigir.
Apenas tienen por guía un catecismo extravagante, repleto de nociones incomprensibles, incapaz de valer como eficaz socorro en los momentos angustiosos de la existencia.  Todas las tentativas de hacer penetrar en la Iglesia un poco de aire y luz y como un soplo de los nuevos tiempos, han sido sofocadas, reprimidas.
Es tal la organización del catolicismo que ninguna    decisión puede ser tomada, ningún acto consumado, sin el consentimiento y la señal del poder romano. Y Roma está petrificada en su hierática actitud como estatua del Pasado.
Jesús no había fundado la religión del Calvario para dominar a los pueblos y a los reyes, y sí para liberar a las almas del yugo de la materia y propagar, por la palabra y por el ejemplo, el único dogma de redención: el Amor.
Callemos sobre los despotismos solidarios de los reyes y de la Iglesia; olvidemos la Inquisición y sus víctimas y volvamos a los tiempos actuales.
Uno de los mayores errores de la Iglesia, fue la definición del dogma de la infalibilidad personal del pontífice romano.  Semejante dogma, impuesto como artículo de fe, fue un desafío lanzado a la sociedad moderna y al espíritu humano.
Como los Cesares romanos, a quienes era ofrecido un culto, el papa insiste en ser llamado pontífice y rey. ¿Qué es él sino el sucesor de los emperadores de Roma y de Bizancio? Su propio vestuario, sus gestos y actitudes, el obsoleto ceremonial y el fausto de su curia, todo recuerda a las pompas cesarianas de los peores días, la causa íntima de la decadencia e impopularidad de la Iglesia Romana reside en haber colocado al papa en el lugar de Dios.  ¡El espíritu de Cristo se retiró de ella!  Perdiendo la virtud de lo Alto, que la sustentaba, la Iglesia cayó en las manos de la política humana.
Ya no es una institución de orden divino; el pensamiento de Jesús ya no la inspiran más y los maravillosos dones que el Espíritu de Pentecostés le comunicaba desaparecieran. En la Iglesia la teología aniquiló al Evangelio Asistiremos probablemente a la ruina progresiva de esa institución que fue durante veinte siglos la educadora del mundo, más que parece haber fracasado a su verdadera vocación.
El materialismo penetró hasta la medula, en el cuerpo social. ¿Más de quien es la culpa? Si las almas hubiesen encontrado en la religión, tal como les era enseñada, la fuerza moral, los consuelos, la dirección espiritual que necesitaban, ¿se habrían alejado de esas iglesias que en sus poderosos brazos acunaran a tantas generaciones? ¿Habría ellas dejado de creer, de amar y de esperar?
La verdad es que la enseñanza de la Iglesia no consiguió satisfacer las inteligencias y las consciencias. No pudo dominar las costumbres; por todas partes lanzó la incertidumbre, la perturbación del pensamiento, de dónde provino la indecisión en el cumplimiento del deber y, para muchos, el aniquilamiento de toda esperanza.
Tal vez, si abandonase sus palacios, sus riquezas, su culto faustoso y teatral, el oro y la púrpura; si, cubiertos con el hábito, el crucifijo en la mano, los obispos, los príncipes de la Iglesia, renunciando a los bienes materiales y tornándose como Cristo, sublimes vagabundos, fuesen predicar a las multitudes el verdadero evangelio de la paz y del amor, entonces tal vez la Humanidad crea en ellos.
Si la Iglesia hubiese comprendido la esencia misma del cristianismo, se habría abstenido de lanzar el anatema al raciocinio y de inmolar la libertad y la Ciencia en el altar de las supersticiones humanas.
El derecho de pensar es lo que de más noble y de mayor existe en nosotros. Ahora, la Iglesia siempre se esforzó por impedir al hombre de usar de ese derecho. Y le dijo: «Cree y no raciocines; ignora y sométete; cierra los ojos y acepta el yugo.». ¿No es eso ordenar que renunciemos al divino privilegio?
. El catolicismo, ya no está en condiciones de ofrecer a las sociedades modernas el alimento necesario para su vida espiritual, para su elevación moral. ¿No lo vemos
alrededor nuestro? Los creyentes actuales, tomados en conjunto, no son ni menos materiales; ni menos aferrados a la fortuna, a los placeres y a los goces, El cristianismo era una fe viva y radiante; el Catolicismo es apenas una doctrina áspera y sombría, irreconciliable con los preceptos del Evangelio, no teniendo para oponer a los argumentos de la crítica racionalista sino las afirmaciones de un dogma impotente para probar y convencer En la hora actual no hay renovación moral posible sino fuera del dogmatismo de las iglesias. Lo que reclaman nuestras sociedades es una concepción religiosa en armonía con el Universo y la Ciencia que satisfaga a la razón.
Es cierto que la sociedad moderna todavía se prende, sino a la Iglesia, por lo menos al cristianismo, por ciertos lazos que son los de todo un pasado, lentamente formados, a través de los siglos. Continúa ligada a la idea cristiana, porque los principios del Evangelio penetraran, sin que tal vez lo percibiese y bajo nuevos nombres, en su corazón y pensamiento.
Hay, en el Evangelio, principios, gérmenes, largo tiempo ocultos e incomprendidos, como la simiente bajo la tierra, y que, después de muchos sufrimientos lenta y dolorosamente fermentados, no reclaman sino aparecer, germinar, producir frutos.
El cristianismo trajera al mundo, más que todas las otras religiones, el amor activo por todo el que sufre, la dedicación a la Humanidad llevada hasta el sacrificio, la idea de fraternidad en la vida y en la muerte, apareciendo por primera vez en la Historia bajo la figura del Crucificado, de Cristo muriendo por todos.
Fue ese gran pensamiento que, no obstante, las maniobras de la Iglesia y el falseamiento de las doctrinas primitivas, penetró en las sociedades más conformes al espíritu de justicia y fraternidad, incitándolas a asegurar a los humildes un lugar cada vez más amplio a la plena luz de la vida. Es preciso que un nuevo movimiento de ideas venga a completar y poner en evidencia esos preceptos, esas verdades ocultas, mostrar en ellas el principio de las leyes que rigen a los seres en esta, como en la otra vida. Esa es la misión del Espiritismo.
Las ideas de este artículo han sido extraídas de las siguientes obras:
EL GÉNESIS (ALLAN KARDEC)
EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO (ALLAN KARDEC)
EL ESPIRITISMO EN SU MÁS SIMPLE EXPRESIÓN (ALLAN KARDEC)
EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS (ALLAN KARDEC)
CRISTIANISMO Y ESPIRITISMO (LEÓN DENIS)
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